Teclear la última palabra
Cómo darle un final a tu historia
Quizá sea porque ya hemos entrado en diciembre, pero llevo un tiempo pensando en los desenlaces, en cómo llegas a ellos (o cómo llegan ellos a ti) y en qué necesitas para identificarlos. Podría hablar en general de la vida, pero hoy mejor centrémonos en el audio.
Elegir el final de un pódcast narrativo es como elegir el último plano de una película, de ahí la presión… Opciones hay muchas: cerrar con un golpe sobre la mesa o dejar caer una capa de ambigüedad; tal vez invitar a la reflexión, lanzar un guiño liviano o trazar un cierre circular. Apuntar a esa diana y conseguir que el dardo no se desvíe es todo un reto, ¡pero sienta tan bien cuando se consigue! No lo digo como creadora, ojo, sino también como oyente. Seguro que te ha pasado: cuando estás en esos últimos momentos y a través de un hilo invisible se te transmite un mensaje secreto que te hace integrar todas las piezas. “Ah, claro, ahora lo entiendo”.
En mi experiencia, decidir cuál es el momento para cerrar una historia es difícil y lo mejor que te puede pasar es que también lo sientas. La sensación de haber encontrado tu final (seas emisor o destinatario) es pletórica. Si le buscamos una imagen, te diría que ese desenlace sencillamente perfecto es como uno de esos regalos envueltos al estilo minimalista: en él no hay ni rastro del empeño por doblar bien las esquinas o por alisar las arrugas del papel, el celo además es invisible y, por supuesto, un lacito monísimo culmina todo el conjunto.
Frente a estos finales que casi parecen un truco de magia, hay otros que se te pueden ir de las manos… Pensemos en el Mr. Bean de Love Actually envolviendo aquel paquete y echando hasta ramas de romero en la bolsa. Cuando llegas a los últimos minutos con demasiados cabos sueltos e información pendiente, adornas de más y lo minimalista evoluciona hacia un estilo, ejem, abigarrado y plasticoso:

¿Pero por qué es tan complicado llegar al “FIN”?
Seguro que hay muchos más, pero tratando de responder a esta pregunta he detectado cinco escenarios. Bien porque me ha pasado a mí misma o porque los intuyo en algunos finales que me gustan mucho o en aquellos donde siento que algo no encaja. Veamos:
Una de las razones por las que puede resultar tan difícil elegir un final es porque muchas historias no tienen uno. Sí, sabemos que en todo relato habrá un inicio, un desarrollo y un desenlace (“pasa esto, luego esto y al final ocurre esto otro”), pero más allá de esa sucesión de hechos, decidir qué significan o cuál es su interpretación depende de ti. No existe un final porque hay que construirlo, y a poder ser sin caer en la literalidad o en las moralejas.
Otras veces sí hay un final (¡hurra!) pero luego hay otro más, y otro más, y otro más. Es como cuando sales del cine y te preguntas por qué esa película parece que terminaba una y otra vez, haciéndote perder un poco el norte. Si volvemos al código regalos (ya que he dado con la analogía, hay que exprimirla a tope), sería como envolver una cajita con cuatro capas: cuando finalmente llegas a ella, ya te has cansado de ir quitando papel y sostenerla entre tus manos puede ser algo decepcionante. Decide cuál será el gran obsequio y cuida su espacio para que luzca bonito.
Querer resolverlo todo también puede ser un impedimento que convierta nuestro tercer acto en una yincana que recorremos a contrarreloj. En mi experiencia, a veces entras en la recta final con tantas cosas por decir y tantos frentes por cerrar -¡porque quieres cerrarlos todos!- que la información se nos atraganta. Hace unos días Álvaro de Cózar explicaba que una historia va sobre una cosa y no sobre cinco más. Y por aquí yo te hablé de un episodio en el que se abogaba por concentrar el conflicto y, en consecuencia, también la resolución. Si hemos llegado al final sin saber ese detalle o sin conocer a ese personaje, ¿seguro que es necesario explicarlo ahora? Haz que la yincana sea un plácido paseo por la playa o una pista de 100 metros lisos. Lo que tú quieras, pero quítale los obstáculos innecesarios.
Otro caso común: alcanzar el final exhausto y dejar el regalo sin envolver. ¿Recuerdas esos exámenes del instituto, cuando llegabas a la última pregunta y el profesor avisaba de que solo quedaban dos minutos? Ahí podías intentar ser resolutivo, pero en un pódcast mejor no. Se nota mucho cuál es un final cuidado, con una intención detrás, y cuáles se despachan con un pim, pam, pum porque hemos alcanzado los treinta minutos del formato y se ha acabado el tiempo para pensar.
Algo que a mí me vuelve bastante loca últimamente es plantearme a quién pertenece ese final: ¿quién tiene derecho a esa última palabra? ¿Acaso es el personaje o es el narrador? ¿Es la historia o es el punto de vista? Pueden convivir ambas pero es cierto que si el peso del relato ha estado sobre el narrador o se ha esforzado por trazar un vínculo con el oyente (por dejarse notar, en el mejor sentido), en algún momento esperaré una despedida por su parte, una conclusión. No tiene que ser nada explícito, pero tal y como yo lo veo: si te he seguido hasta tan lejos, cuéntame al menos que ha merecido la pena.
Justo esta semana han nombrado Hysterical el mejor título del año para Apple Podcast y eso me hizo recordar su final. Después de escucharle durante siete episodios, tenía mucha curiosidad por ver qué cierre decidía Dan Taberski y escogió una escena de lo más sencilla y humana. Es una conversación casual con Marge, una de las mujeres diagnosticadas con aquel trastorno de conversión. Ahora ella ha cambiado de trabajo y vende juguetes eróticos. La forma dicharachera en la que lo cuenta hace reír a Taberski y su risa acompaña la última e irónica frase de la mujer: “How else can I help out hysterical women other than selling them a great vibrator?!” (“¿De qué otra manera puedo ayudar a las mujeres histéricas más allá de venderles un fantástico vibrador?!”)
Para mí, un buen final no necesita responder a todas las preguntas, pero sí debe resonar con las emociones que se han explorado. Puede encapsular el tono y la esencia de la serie o quizá la actitud con la que entenderla, eso es difícil de conseguir pero muy satisfactorio. Recuerda que el final, en última instancia, puede ser lo que acompañe al oyente mucho después de que el episodio haya terminado…
¡Tengo unas preguntas para ti!
Hace unos días Punto de Escucha cumplió su primer aniversario y quiero preguntarte por qué lees esta newsletter. Para mí es importante saberlo. Queda un último número antes de final de año y de cara a 2025 quiero que te guste mucho más. Para darte las gracias por adelantado, te dejo un vídeo para volver a la calma y olvidarnos de Zack.
Un poquito de todo
Aunque a Chillida se le conoce más por el Peine del viento, en San Sebastián, yo siempre lo relacionaré con el Elogio del horizonte, la escultura que hay en Gijón. Esta semana se ha estrenado Nacional I: El viaje de Chillida, un pódcast road trip que aprovecha el centenario del nacimiento de este escultor para buscar su esencia en los espacios que habitó y en los que siguen presentes sus obras. Cuando supe que se cuenta sin narrador, me hizo temer lo que yo suelo denominar “momento teatrillo”, muy reconocible cuando pones a un periodista a intentar ser natural y recitar frases pactadas. Pero nada de eso les ocurre a Ángela Sepúlveda, Ángela Ruiz y Eloy de la Haza (guionistas y diseñador de sonido). Los tres se suben al coche para ir tras el aire de Eduardo Chillida. La dirección es de Javier Gallego.
Que nunca haya mencionado Short Cuts en esta newsletter solo me lo explico porque intento no ser muy pesada con las cosas que me gustan, pero hoy vengo a hablarte de este programa de la BBC justo cuando lo han cancelado. El subtítulo con el que se se presentan (“Short documentaries and adventures in sound”) siempre me ha parecido muy acertado para un pódcast en el que nunca sabes qué vas a encontrarte dentro. En este episodio de Sound School Podcast, Rob Rosenthal explica muy bien todo lo que Short Cuts tiene de bueno, empezando por la forma en la que su narradora, Josie Long, habla sonriendo:
“Nunca he hablado con ella y no la reconocería si la viese en la calle, a menos que sonriera. Creo que podría reconocer su sonrisa porque la he visto en su voz. (…) Eleanor Mcdowell, que trabaja directamente con Josie, me dijo que en su voz escucha alegría, travesía y ternura hacia el mundo”.
Hablando de finales, a Short Cuts aún le quedan cinco episodios más, pero en la entrega de esta semana, cuando ya se sabía la noticia, las últimas frases y risas de Josie Long tienen algo de bálsamo.
Formación x 2. En febrero el Instituto de RTVE organiza este curso online de Introducción al podcasting y este otro sobre Producción de audiolibros. Y en marzo se celebrará la primera edición de la European Podcast Academy, como parte del proyecto europeo WePod.
Todavía no está disponible en España, pero en algunos países Google y Spotify han lanzado el primer pódcast personalizado a raíz del Wrapped de cada usuario. Dos voces basadas en IA te comentan tus gustos y escuchas… De primeras no me llama este invento. Otra cosa es que le metieran algo de comedia en este estilo, entonces sí podría interesarme.
Si al leer el texto de hoy te has acordado de algún final que te maravilló o de aquel al que todavía le sigues dando vueltas, cuéntame en comentarios. Ah, y te dejo de nuevo el enlace a la encuesta :)
Hasta la próxima,
Andrea


