3, 2, 1… ¡Improvisa!
Las lecciones sobre narrativa que aprendo en mis clases de teatro
Hola, soy Andrea Morán, productora de audio freelance. Cada dos domingos escribo una nueva edición de Punto de escucha, la newsletter para los que piensan que un buen pódcast puede cambiarte el día. En la posdata te cuento más sobre mí y cómo puedo ayudarte.
Todos los lunes a eso de las 20h nos reunimos en la sala de abajo de la escuela. Que sea un sótano y haya que bajar unas escaleras hace que las preocupaciones se queden fuera, al menos durante un par de horas.
Frente al escenario hay una tarima elevada con sillas de madera. Sobre el escritorio tenemos una mesa de mezclas y del techo cuelgan unos cuantos focos. Cuando el profesor nos reúne en círculo y nos pregunta qué tal todo, las respuestas son previsibles teniendo en cuenta que estamos a inicios de semana…
-Pues muy de lunes.
-Bastante cansado.
-Liado con el curro.
-Todavía recuperándome del finde…
En septiembre decidí apuntarme a teatro de improvisación. Aquí no hay que aprenderse ningún texto, no vamos a representar ninguna obra. Las escenas se van construyendo sobre la marcha, en eso radica la dificultad y la satisfacción cuando sale bien.
La regla más conocida de la impro es que está prohibido decir “no” en escena. Me explico: si sales al escenario y alguien suelta “Qué frío hace hoy”, no puedes contestar “¡Pero si estamos a 40º!”.
Si te dicen un “Papá, ¿por qué no puedo salir?”, no vale responder “Que yo soy una mujer, si acaso sería tu madre”. No, no, no. Lo que el compañero te ofrece, lo coges.
Si alguien dice “Martínez, ¿dónde está el informe con la contabilidad? Esta tarde hay que presentárselo a los americanos en la reunión, todo McDonalds depende de nosotros”. Más te vale asimilar rapidito que eres un tal Martínez, trabajas en McDonalds, tu jefe te pidió algo que NO has hecho y en unas horas tenéis una cita importante frente a los inversores extranjeros. ¡Ya estás tardando en darle una réplica!
Poco a poco vas aprendiendo a reaccionar con agilidad y es muy divertido recoger esos regalos que te da el de enfrente para empezar a construir entre los dos. Porque en el fondo se trata de que pasen cosas, de ensamblar una historia y hacerlo en el momento.
Por aquí ya hemos hablado varias veces del quid de la cuestión (narrativa): un personaje quiere algo por unos motivos concretos pero hay un obstáculo que se lo impide. Pues esas son las claves que, más allá de temperaturas, vínculos familiares o tensiones en el trabajo, tienen que aparecer en cada escena improvisada. Eso es lo realmente difícil.
Para ir practicando esa habilidad, durante estos meses hemos probado muchas dinámicas (para mí, juegos directamente) y en más de una ocasión los he relacionado con la narrativa en audio. Pronto empecé a sospechar que estos ejercicios no tenían que ver solo con subirse a un escenario. Muchos de los mecanismos que entrenamos allí son exactamente los que utilizamos, a veces sin nombrarlos, cuando construimos relatos sonoros.
Aquí van 3 de ellos.
1. Recurrir a los objetos: materializar el mundo narrativo
En clase no utilizamos atrezzo, no te imagines el típico baúl lleno de gorras, gafas, turbantes de plumas o pistolas de plástico. El escenario, en lo material, siempre está vacío, salvo una o dos sillas si las quieres sacar. Pero eso no quiere decir que no juguemos con objetos.
En una de las dinámicas teníamos que crear entre todos un lugar imaginario. Para ello, tuvimos que salir al escenario uno por uno, proponer un objeto que ‘estaba’ allí y describirlo con todo lujo de detalles. Hay quien nos señaló que en la esquina de la izquierda había una pequeña fuente (como la de un parque) de la que salía agua marrón y en cuyo lateral había un letrero: “Para Almudena, mi eterno amor”.
Hay otra persona que apuntó hacia la pared y allí nos describió una jaula dorada en la que un loro, con apenas cuatro plumas y medio moribundo, picoteaba unas pipas. A su lado, según nos dijo una compañera, había una estantería que, cuando la mirabas de cerca, comprobabas que todos los volúmenes ahí guardados eran el mismo libro pero en distintos idiomas…
Entre aportaciones de unos y otros, en menos de quince minutos el escenario se había llenado de cosas. A partir de ahí, tuvimos que improvisar escenas que se apoyaran en uno o varios de estos objetos.
¿Cuál fue el efecto?
Desde ese espacio cargado de detalles, nuestras propuestas dejaban de ocurrir en abstracto. El lugar ya tenía densidad y las acciones podían aclarse: ahí estaba el piano con las teclas marcadas, el diván roído o la copa de vino blanco con carmín…
En audio tendemos a olvidarnos de los objetos porque no se ven, pero siguen siendo una de las formas más eficaces de construir mundo. Un objeto puede introducir relaciones, sugerir un pasado, abrir conflictos... Tendríamos que ponerlos más en juego porque la imaginación del oyente siempre aportará lo que falta.
2. Concretar detalles: ganar profundidad dramática
Un peligro que se corre cuando improvisas es devolver réplicas al compañero como si aquello fuera un partido de tenis de mesa y tan solo quisieras quitarte la pelota de encima. Puede que cumplas el turno de palabra entregando monosílabos, pero si te olvidas de incluir información nueva en tus respuestas, los mimbres de la escena se debilitan y el conjunto tambalea.
Para trabajar ese frente, hicimos una dinámica muy chula: dos personas salían al escenario y cada vez que hablaran tenían que aportar, sí o sí, algún dato nuevo. ¡Aquello fue el festival de las novedades!
¿Qué pasó?
Como cada intervención añadía una capa que modificaba la escena, las relaciones se iban precisando mucho más. Surgieron recuerdos del pasado (“Claro, como cuando salimos de fiesta con Maribel, ¿te acuerdas? Qué noche, madre mía”), rencillas de su situación actual (“Sé que ahora las cosas no están siendo fáciles…”) o sutilezas que iban dibujando el gran conflicto entre ellos. Con un pasado en común y esas tensiones subterráneas, los personajes empiezan a tener otro espesor.
Ahora bien, no se trata de disparar datos sin criterio, acumular información puede saturar. La clave está en el equilibrio y en saber escuchar qué está pasando realmente: cuándo una escena se estanca, cuándo necesita un cambio de dirección y qué puedes aportar tú para obligar al otro a reaccionar, lograr en él un cambio.
Pensarlo de esta forma, te vuelve más consciente de que narrar es introducir elementos que empujan la acción hacia delante. Y…¿acaso no es justo eso lo que hacemos en los pódcast narrativos?
3. Cruzar tramas: tejer la arquitectura estructural
Esa es la dinámica más completa donde, idealmente, se mezcla todo lo anterior y se articula una historia en tres escenas (inicio - desarrollo - final).
En la primera conocemos a los personajes y surge el enfrentamiento. En la segunda, cada uno avanza por separado, cruzándose con otros personajes y hay una pequeña transformación respecto a su conflicto. La tercera sirve como conclusión: los protagonistas se reencuentran y se decide el final (más positivo, más negativo; más cerrado o más ambiguo).
Es teatro de improvisación, pero es que para contar historias en audio trabajamos con esa misma lógica…
¿Qué se logra?
Para mí, en este caso lo más interesante es comprobar que, al cruzarse las líneas narrativas, siempre aparece algo nuevo: el personaje se nos muestra distinto, hay una revelación, el reencuentro cobra otro sentido…
Creo que en audio ocurre algo similar, ¿no? Alternamos testimonios, capas temporales o puntos de vista que terminan encontrándose y, decidiendo dónde se producen esos cruces, generamos una oportunidad para crear significado.
La conclusión final es que yo me apunté a teatro para hacer una actividad totalmente alejada del podcasting pero ya ves que, después de cada sesión, me vuelvo a casa pensando en las aplicaciones que tiene lo que hemos visto. Al final resulta que improvisar no es tan diferente de la escritura. Lo único que cambia es el tiempo que tienes para decidir qué pasa a continuación…
Al terminar cada clase, volvemos al círculo inicial y la pregunta se repite. “¿Qué tal?”:
-Me lo he pasado muy bien.
-Muy divertido.
-Mucho más relajada.
-Lo de hoy ha estado muy guay.
(Paréntesis de autopromo)
Ya se ha anunciado que el pódcast que dirigí para ABC Los expulsados del paraíso. Sobrevivir a los Testigos de Jehová tendrá una adaptación como serie documental. Se estrenará en HBO Max el 20 de febrero. Puedes ver el trailer aquí.
Junto a Ferrándiz. Alrededor de un asesino en serie (que se verá como serie de ficción en Netflix), este 2026 dos de los pódcast que he dirigido darán el salto al formato audiovisual. Si me preguntas, es muy fuerte.
Este jueves 19 de febrero participaré en el encuentro profesional PARIX Audio Day. Será a las 16:30h en la mesa titulada El boom de las newsletters de audio: tendencias y oportunidades, donde también participarán Jorge Heili, de AudioGen, y José Antonio Gelado, de Comunicando. Moderará la charla Eva Correa. Estaré por allí toda la jornada. ¡Saluda si te pasas!
Ronda de recomendaciones
Cuando la periodista venezolana exiliada Laura Weffer se puso a investigar la historia de Carmelo Urdaneta, seguro que no podía ni imaginar que el pódcast resultante, Cuello blanco, manos sucias, se estrenaría días después de que Venezuela, Maduro y Trump fueran el tema central de la geopolítica mundial, pero así ha sido.
Urdaneta es un exfuncionario involucrado en un caso de corrupción donde el petróleo se mezcló con el blanqueo de dinero. Parte de la investigación conduce a Weffer hasta España, uno de los países que tomó acciones judiciales en este caso, aunque según dice el fiscal, solo estamos rozando la punta del iceberg...
Tuve que escuchar los primeros episodios sin hacer nada más porque enseguida perdía el hilo (¿sabemos si 15 días de lluvias continuas añaden dispersión mental? Llegué a vislumbrar un futuro en el que la gente escucha a 2x y yo tengo que bajar a 0,8x…). Por suerte, el pódcast desmenuza, frase a frase, un audio grabado por un informante para explicar de forma clara el itinerario que sigue el dinero sucio y ahí ya me ubiqué. Me gusta mucho la desenvoltura de la narradora y también agradecí el detalle del episodio 4, cuando escuchamos a familiares de tres víctimas de la represión de Maduro como un tren de voces, sin locuciones de por medio.
Hace unos meses te enlacé un texto de Mia Lobel en el que esta productora ejecutiva explicaba por qué se había ido de Pushkin Industries. Por no quedarnos siempre con lo malo, ahora te enlazo esta otra entrevista, más luminosa, donde habla sobre su nuevo trabajo en Slate.
A través de ella llegué a When We All Get To Heaven, una colección de historias sobre una iglesia de San Francisco que en los años 90 era conocida por defender a la comunidad LGTBQ+. El pódcast se basa en, atención, 1.200 cintas de casetes donde se grabaron los sermones de aquellos años y que, escuchados ahora, dejan entrever cómo esta congregación se enfrentó al reto del SIDA, una enfermedad por la que murieron 500 de sus miembros.
Desde el inicio dejan claro que el pódcast no es solo para personas creyentes, cristianas y queer. De hecho, quien investigó y narra la historia es Lynne Gerber, de religión judía. Los testimonios (presentes y del archivo, con los sonidos y la música del momento) guardan un mensaje muy bonito de comunión y cuidado, además de entrenlazar el activismo político y la espiritualidad.Estoy segura de que David Marchese en The Interview (The New York Times) tenía un cuestionario preparadísimo para entrevistar a Chloé Zhao sobre Hamnet, pero cuando ella en el minuto 11 le cuenta de pasada que se está formando como death doula (algo así como una matrona para el momento de la muerte), Marchese aparca su lista de preguntas y empieza a indagar. Es una charla que se aleja de lo promocional (aunque la muerte esté en el centro de la película) y donde Zhao da una definición muy bonita de la narración:
The reason why we have art and storytelling it’s not trying to teach us something that we don’t know. It’s trying to help us remember who we are, to bring us back to the source.
Siguiendo con el tema del duelo, ¿has oído hablar de Francisco Miguel? Fue un pintor gallego de formación vanguardista que llegó a vivir unos años en México y que, de vuelta en España, fue asesinado en 1936 por los falangistas. El hallazgo de su cuerpo en Galicia, hace apenas un par de años, fue celebrado “como si hubiéramos encontrado a nuestro Lorca”. Es una frase que se oye en Los dos entierros de Francisco Miguel y que me hizo pensar… Cuántas obras, trayectorias y vidas desconocemos porque siguen enterradas o fueron borradas. La historia la he escuchado en el pódcast narrativo mexicano Delirios crónicos. El episodio lo narra Regina De Miguel, la bisnieta de Francisco que viajó de México a Galicia para recibir los restos del pintor.
Ya se pueden escuchar los dos primeros episodios de Dos caras: Juan de Dios, una serie sobre este sanador espiritual de Brasil, avalado por la mismísima Oprah Winfrey, que fue acusado de abusos sexuales. Se percibe la gran investigación que habrá habido de fondo y tiene también versión en inglés. Seguro que te hablo más de él porque el arranque me ha gustado mucho.
Onda Cero ha estrenado la ficción sonora Desierta sangre. Está protagonizada por dos policías y bebe mucho del imaginario yanki del cine negro. Como los personajes van en coche y paran en gasolineras, podríamos decir que es una road movie, pero si nos pusiéramos exigentes habría estado bien algo más de profundidad sonora y dejar respirar las escenas. Dicho esto, son episodios cortos que terminan justo cuando necesitas saber qué pasa después.
El Reina Sofía ha estrenado Museo Aural, un proyecto que definen como “una experiencia sonora para la visita”, lo que viene siendo una forma reinventar las monótonas y asépticas audioguías a través de piezas de creación. El equipo de Carne Cruda firma tres de ellas (¡qué bonita Un mundo!) y también me ha gustado Trabajo invisible: Serra, de Emilio Tomé. En ella escuchamos el monólogo de una vigilante de sala. La interpretación de Lola Manzano resulta muy cálida, todo lo contrario a una voz de IA:
Yo siempre trato de imaginarme a los artistas, aunque estén ya muertos, como Richard. De alguna manera, algo de lo que pensaron y sintieron permanece en estas cosas que hicieron, ¿no?
Para terminar…
En el envío anterior te hablaba del pódcast Expediente Martín Gaite. Desde entonces, Carmiña se me aparece por todas partes y yo he decidido seguirla. Primero, yendo a por su última biografía. Después, visitando la casa de El Boalo, el lugar donde pasó sus últimos meses y que ahora es la sede de su Fundación. Y, por último, pasando por la Biblioteca Nacional, donde le dedican una expo. Siempre hay que dar rienda suelta a las pequeñas obsesiones.
Hasta la próxima,
Andrea
PD. Si te identificas con alguno de estos escenarios, entonces te puedo ayudar:
⚠️ Eres un podcaster kamikaze
Estás a punto de hacer un pódcast, pero sin saber por qué ni para quién.
Yo convierto ese salto al vacío en un despegue controlado.
🏝️ Eres un podcaster náufrago
Ya tienes un pódcast, pero sientes que va a la deriva.
Hagamos una consultoría para encontrar una buena brújula y retomar el rumbo.
😩 Eres un podcaster con el agua al cuello
Tienes un pódcast que funciona y tiene audiencia... pero estás desbordado.
Puedes delegar en mí sin que tu proyecto pierda la esencia.
Cuéntame tu caso → escribe a puntodeescucha@substack.com o pásate por mi web. Seguro que encontramos la manera de que tu pódcast sea justo lo que necesitas.







Ay, es que el teatro es TAN útil para todas las facetas de la vida... Vas a estar en tu salsa en alguno de los talleres del Retiro de marzo 😄🎭
Enhorabuena, Andrea. Todo un logro lo que has conseguido con tus podcasts.